jueves, 3 de mayo de 2012

Llegaste cuando estaba dormido

Dormita mi casa en un trapecio sin redes

Plegada en sí misma como un animal herido,

Respira sin esfuerzo el aire que desprenden

Mis pulmones cansados de tanto haber vivido.

Crujieron reumáticas sus cansadas paredes,

Acomodándose sus anchos muros dormidos

a las gráciles curvas de los pesados muebles

sobre la acogedora piedra tendidos.

El tiempo incansable olvidaba sus leyes

Y hacía una pausa en tejer el destino

En que vivían inmersos todos los seres

Creyendo que construían su propio camino.

Y, así, a mi lecho se acercaron tus pisadas leves

Apenas deshiciste las blancas sábanas de lino,

En mi cuerpo olvidado, tus caricias silentes

Fueron como el agua que riega los olivos.

Nacieron, de súbito, vivientes brotes verdes

De las sillas, las mesas y los libros,

Sedientos de tu piel tersa y turgente

Sedientos de recorrerte con dedos precisos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Por la mañana

Nace la mañana en las copas

De los verdes olivos aceiteros,

Rojas gotas de sangre acunadas

Por los jaramagos mecidos por el viento.

Camino, conmigo mismo,

Por la tierra andaluza en la que crecí,

Acompañado de esa huidiza fiel amiga

Que a nadie sigue salvo a mí.

Ladra en el cortijo el perro,

Castañetea la roja perdiz,

Lejano en el rojo horizonte

El camino serpenteante se une al añil

De un cielo que se me antoja lejano

Como al lugar al que yo quisiera ir.

miércoles, 25 de abril de 2012

GRITO

YA BASTA.

Quiero gritar, aullar, ladrar como una bestia enfurecida,

Ya no queda resto humano en mi ser,

No soy mas que una bestia malherida

Sin corazón ni alma.

Ya no queda más calma;

Solo la ira sangrienta del dolor concentrado de la vida

Tan letal como la peor de las estocadas

Tan enlazado como el caballo y su brida.

Qué fue de la música de la divina Callas,

Qué de las palabras de Machado o Rimbaud,

Qué de la brisa fresca de la mañana

Cuando aletea tenue como una amante caricia

Sobre los jaramagos y las retamas.

NO QUEDA NADA, NO QUEDA NADA.

Sólo rencor y furia, solo dolor y miseria.

El nauseabundo olor de la tierra

Pútrida a fuerza de cuerpos descompuestos,

El agua contaminada por la iniquidad y la inmundicia

De esta maldita sociedad decadente

Concentrada como una charca pestilente

Que a sus hijos tritura en su seno.

Depravada madrastra alcohólica

Que en la vorágine de su mente

Con mórbido placer lame la sangre

De sus impasibles criaturas inermes.

Esta cabeza que me estalla,

Como una gigantesca olla a presión,

Donde las injusticias son la metralla

Que ya no admiten excusas ni perdón.

Este cuerpo licántropo hecho de corrupción

De estúpidas e inútiles falacias

Con que cavan con ahínco la fosa

De la telaraña que ha de ser nuestra perdición.

Ya soy bestia, lobo despiadado, acorralado y zaherido,

Ya no hay más donde huir,

No queda lugar en el que refugiarse,

No queda ya lugar en el monte donde dormir.

Rodeada la lobera por los cazadores

Hora es de llamar a la luna llena

Hora de destrozar sus gargantas

De lanzar la dentellada presta.

Con los dientes chorreando saliva espesa,

La fuerza del miedo loco me azuza,

Ya no temo al puñal ni a la escopeta

Desbordada de mis ojos la lava

Del volcán en que exploto con ira justa.

Ya nada humano en mi cuerpo medra,

Sólo hay un inmenso vacío negro

Como la negra consciencia de los perseguidores,

Una tremenda extensión de tierra yerma.

Ya fue sembrado de sal el vergel,

Con el ardiente fuego el pasto fue destruido

Se secó hasta el último árbol amigo

nada bueno ni bello podrá ya crecer,

Ahora sólo pido destrucción,

MUERTE, MUERTE,

Grito desde la punta del malecón.

Ya nunca volveré a ser lo que fui,

Pasó el tiempo de la palabra y le ley,

Pasó el tiempo de los poetas y el arte,

Hora es de que la sangre trace

Un sangriento camino brillante

Que destroce todo aquello en lo que un día creí.

martes, 17 de abril de 2012

Combate cuerpo a cuerpo

Cual sutil fino hilo de seda

El deseo me conduce hasta tu lecho,

Me aprisiona a tu tendido pecho

Mientras acaricio la negra amapola

Que aprehende la luz que baila en el techo.

Lucho sin tregua con la sombra

De la sábana que rodea tu terso cuerpo,

Aprisiono entre mis torpes dedos sin esfuerzo

Los desnudos pliegues que te adornan,

Saboreo en cada asalto del torneo

Los retazos de tu piel que en mi boca se demoran.

En la lucha pierdo hasta la honra

Cual tercio de Flandes la espada en ristre

Con Dios, la patria y Alatriste

En tu seno descargo hasta mi última pólvora.

lunes, 16 de abril de 2012

Perseguir un sueño

Si fuera viento que mueve las nubes,

Si fuera libre,

Si fuera agua.

Eterna gota que sublima su esencia

Gozando de la dulce decadencia

En la noche más amarga.

Si no me atrapara esta urbe,

Que como voraz fiera persigue

La claridad que mi mente alcanza.

Si tuviera aún fuerzas

Para desprenderme de los restos de mi alma,

Para ser velero

Que los inmensos mares surcara,

Sin ancla ni rumbo fijo,

Poniendo siempre proa a la mañana.

Si tuviera un ápice de valentía,

Una gota de sangre brava

Corriendo por mis venas

Bañando mis entrañas.

Si fuera un enorme cíclope

Que feroz se lanzara

Contra los hombres y los dioses

Contra las ataduras que me maniatan.

Oh, férreos grilletes, cadenas pesadas,

Sutiles raíces resistentes

Que a pesadas rocas me enlazan.

Si pudiera ser pluma

Mecida por la brisa que se escapa

Del murmullo apenas perceptible

Con que habla el rocío a la escarcha.

Y he aquí mi cuerpo aguerrido

Sediento de luz de luna clara

Queriendo asir con la mano

Los sueños que mi debilidad espanta.

Perdí la huella del camino

Por seguir el rastro que otros pisaran,

Ahora dormido, cansado, dolorido,

En la orilla espero mi mortaja.

sábado, 14 de abril de 2012

¿Yo qué?

David inspiró estas pocas letras que a continuación escribo:


Yo qué?,

Pregunté a la luna.

Mas no contestó.

Y anduve errando por los montes.

Pregunté a las piedras

Y a las algas.

Yo qué?,

Repetí sin perder la calma.

No contestaban.

Rugí al viento,

A la noche,

A la mañana.

Bramé como un loco,

Que ama a las montañas.

Nadé en los mares,

Entre el coral

Y las perlas de nácar.

Bebí el fuego de los volcanes,

Bañé mi cuerpo en su ardiente lava,

Robé las manzanas de las Espérides,

Desafiando las leyes divinas y humanas.

Tañí con mi arpa

Una canción desesperada,

Preguntaba, Yo qué?,

La duda, insidiosa, devoraba

mi ser y mi alma,

con la fuerza de una fiera dentellada.

Cuando caminar ya no pude,

Caí en brazos de la escarcha

Que baña la tierna hierba

Donde hallé por fin morada.

Mientras me sumía en el más profundo sueño,

Una voz grave y profunda en mi oído susurraba,

Como en la más cariñosa y dulce nana:

Tú nada, hijo mío, Tú, nada.

viernes, 13 de abril de 2012

Idiosincrasia

En un pueblo llamado Visavis la muerte era, sólo, uno de los múltiples juegos infantiles.