domingo, 12 de mayo de 2013

Extraños miembros


En realidad todo comenzó la noche que decidí cortarme la mano derecha.
Había bebido una o dos botellas de vodka y comprendí que la decisión que había estado postergando ya era inaplazable. Desde hacía varias semanas aquel miembro extraño y autónomo se había rebelado ingobernable.
Al principio sólo fueron pequeños detalles.
Así, estando una noche viendo un programa de debates, mi mano se fue arrastrando imperceptiblemente sobre el cojín del sofá hasta alcanzar el mando a distancia del televisor. Realmente me sobresalté cuando el canal cambió y en la pantalla apareció una película X en uno de los canales de la TDT. Después de la sorpresa moví la cabeza buscando el mando y fue entonces cuando lo vi, alojado entre los dedos de mi mano que aún apretaba el botón del canal en cuestión. Me quedé mirándolo sin saber que pensar y, finalmente, simplemente cambié de canal de nuevo.
Otro día, sentado, leyendo un libro al sol de primavera en la terraza volvió a ocurrir. Avanzaba sobre las líneas escuchando los pensamientos del Príncipe de Salina cuando de modo súbito, la hoja en la que leía se movió hasta la siguiente página. Al principio pensé que había sido el viento. Así es que volví hacia atrás para encontrar el lugar en que me había quedado. Lo halle y reinicié la lectura. Rápidamente la hoja se volvió a voltear. Ahora mi mano derecha la agarraba y mantenía sujeta. La miré con suspicacia, volví a pasar la página hacia atrás, y apoyé aquella mano sobre la baranda que tenía junto a mi cabeza. En un lugar donde pudiera vigilarla.
La cosa fue empeorando con el tiempo. Iba a lavarme los dientes y me encontraba echándome perfume. Preparaba un sándwich vegetal y de pronto, sin saber de donde, aparecían dos rojizas lonchas de jamón sobre los vegetales.
Eran detalles molestos aunque insignificantes con los que podía convivir.
Un día, sin embargo, todo fue a más. Había invitado a un amigo a comer. Me encontraba en la cocina cazoleteando y preparando ingredientes para un magnífico arroz cuando Mario, que así se llama mi amigo, vino para charlar mientras se tomaba su copa de vino.
Era una auténtica ametralladora. Su lengua se movía a una velocidad endiablada, articulando palabras que se pisaban unas a las otras en una carrera de relevos infinita. Yo cortaba verduras con el cuchillo acompasado al ritmo de sus palabras. Cuanto más rápido hablaba, a más velocidad se movía el cuchillo. Troceaba cebolla, pimiento, tomate, ajo; todo a velocidad de vértigo, trozo tras trozo, chas, chas, chas, a toda velocidad, tableteaba el cuchillo sobre la tabla de cortar mientras él continuaba su monólogo infinito y monótono.
Y entonces, de pronto, el cuchillo paró y un ansia irrefrenable se apoderó de mí. Ajena a mi voluntad mi mano apuntó el cuchillo hacia su pecho y lo clavó con fuerza, una y otra vez, mientras él hablaba y hablaba sin parar.
Cuando volví a la realidad Mario seguía hablando y mi mano sujetaba con fuerza el cuchillo sobra la tabla, inmóvil, con los dedos morados por el esfuerzo de mantenerlo firmemente apoyado.
Arrojé el cuchillo sobre la tabla y, por fin Mario se calló.
-         Qué pasa, te has cortado, dijo.
-         No, sólo se me ha cansado el brazo. Ven, vamos al comedor, dije con la voz temblorosa. Ahora termino con esto. No hay prisa.
Más tarde, cuando me serené, volví a la cocina para proseguir con el guisado. Antes me aseguré de que Mario permanecía en el salón, viendo la televisión, convenciéndolo para que no me molestara mientras preparaba la pitanza.
Desde aquel incidente, he tenido que frenar muchas veces a la mano y, finalmente, dejar de exponerme a determinadas situaciones. No ir a tiendas porque de pronto me encontraba pitando en los arcos de salida. No permanecer en concentraciones de gente, porque sin previo aviso me encontraba palpaba un culo o una teta, con la consiguiente ostia aparejada. No invitar a amigos a casa, harto de inventar explicaciones sobre como un objeto había volado hacia sus cabezas.
Con el tiempo me fui quedando sólo, aislado, recluido en casa. Cubría mis necesidades mediante pedidos por Internet. Por suerte, mis cuentas me permiten no tener que trabajar.
Pero aún así la cosa fue empeorando.
Una noche de pronto me desperté sofocado. Intentaba incorporarme pero no tenía fuerzas para ello. Conseguir aire era un suplicio insufrible. Acerqué mi mano izquierda hasta mi cuello donde notaba una opresión y pude palpar la sábana enroscada como una serpiente. Con un enorme esfuerzo conseguí desanudarla y hacer que una bocanada de aire entrada en mi cuerpo, vivificándolo.
Me levanté de un salto de la cama y me quedé en medio de la habitación, sudando, respirando entrecortadamente, apoyado sin resuello sobre mis rodillas.
Fue entonces cuando tomé la determinación. Fue como un rayo que cruzara la llanura sobre el cielo claro. La evidencia de un acto insoslayable.
Me fui a la cocina y cogí el vodka, un hacha de mano y la tabla de cocina.
Estuve bebiendo hasta las cuatro o las cinco de la mañana. Viendo vendedores de teletienda que no vendían nada y videntes del tarot con pinta de estar despiertos a fuerza de coca. La mano había estado muy tranquila. No se había movido. Como si presintiera que corría peligro y que era mejor portarse bien, al menos, durante unas horas. Pero era tarde, demasiado tarde.
En algún momento, tremendamente borracho, conseguí situarla sobre la tabla de la cocina. Aquello pareció ponerla nerviosa. Se movía hacia los lados e intentaba resbalar por el borde de la tabla y aunque yo la sujetaba con la izquierda sobre el trozo de madera una y otra vez, no había forma de que permaneciera allí.
Finalmente, y no con poco esfuerzo, la até a la madera. Y, en algún momento reuní el valor suficiente para coger el hacha y cercenarla de un violento golpe.
Cuando me desperté estaba tendido en el suelo entre un charco de sangre. Debí estar pocos minutos inconsciente o de lo contrario me habría desangrado. Como pude me até un trapo en el muñón y con la tremenda borrachera llamé a mi amigo Nacho que era médico para que me llevara al hospital.
Fueron semanas de curas y explicaciones. De evaluaciones psiquiátricas y medicación contundente.
Hoy por fin salgo de la residencia para enfermos mentales. He caminado sin volver la vista atrás, con la maleta en la mano izquierda y una manga vacía en el lado derecho.
Cuando llego a la parada de taxi, noto una cierta liviandad. La maleta ha desaparecido. Me doy la vuelta, la veo entre un montón de cajas junto a los cubos de basura rebosantes de deshechos del fin de semana.
Observo mi maleta que ya no es mía.
Arrojada sin mi consentimiento.

sábado, 27 de abril de 2013

SEIS MILLONES DE PARADOS


Aquelarre de muñecas rotas
Que muerden con ira sus cuellos cercenados
Gritando en corro a la velada luna
Canciones de viejos ya olvidados.
Ese coro de víboras hocicudas
Que clavan sus dientes aguzados de estaño
En los cuerpo incólumes de infantes
Robados de brazos de sus padres ya postrados.
En derredor de la hoguera los cuerpos agostados,
Consumidos por el odio y el tiempo
Preñados del dolor de agravios pasados,
Giran y cantan, pútridos cuencos, sin pensar en el descanso.
La garduña espoleada por la noche
Sobre los cerezos, las jaras y los manzanos
Afila con premonición sus uñas
Saboreando la carne que aún no ha cazado.
El cárabo sobre los olivos, juez encaramado,
Atisba sin perder puntada ni hilo
A las brujas que en secreto cometen su pecado
Aunque todos sin duda saben
Lo que ocurre alrededor de la hoguera de aquel prado.
Y así, sin denuedo, los cuchillos van calando
La tibia piel de los hijos humanos
Ofrecidos al omnipotente dios de los mercados.

sábado, 23 de marzo de 2013

Óxido en las cañerías

Hoy solo puedo llorar,
no me sale otra cosa que no sea llanto,
es tiempo de añorar,
que lo que fue ido es causa de canto.

Si yo fuera un trovador antiguo
de los que tiene en la piel el son cubano
sonreiría entre dientes soplados
el desdén de la vida que se pone de canto.

Pero, ay, compañeros, soy granaino
de carácter doblado y faz de santo
de los que ladran a la luna llena
y con la faca la van calando.

No se irme por la aceras
que bordean la pasión ni el amianto
de las casas que se construyen a prisa
sin el sedimento de lo bien trabajado.

Soy de los de antes en mis venas
los que tenían sombreros bien templados
sobre las sienes escarlatas a fuerza de lunas
que no tenían miedo al futuro ni al pasado.

Por eso sin aspavientos aquí bien alto
grito a los cuatro vientos que no soy preso
que soy soldado que a la lucha va sin miedo
pues nada tiene que perder en el asalto.

sábado, 23 de febrero de 2013

PORQUE ME DA LA GANA


Me escupiste tus palabras iracundas
Envenenadas a fuerza de incomprensión;
Nada se odia más que lo que no se entiende
Que aquello que es diferente
Percibido entonces como una agresión.

Me dolió he de decirlo,
Al menos el primer momento pues creí olvidados
Aquellos tiempos en que el reproche constante
Era el modo de comunicación adecuado.

Hoy ya cicatrizó la herida
Por tanto tiempo abierta a la intemperie,
Ya por la vida camino erguido
Y me resbala lo que diga la gente.

jueves, 14 de febrero de 2013

DECADENCIA

Estaba escuchando esta mañana la radio cuando dan la noticia de que en Gran Hermano un "individuo" se ha roto los dos húmeros de un sonoro piñazo. Muchas cosas han acudido a mi mente en ese momento.
La primera y la segunda están conectadas. A saber, que Gran Hermano por fin proporciona una prueba irrefutable de la Teoría de la Evolución y que todo en la vida es circular. Digo esto porque la existencia de este programa prueba de una vez para siempre y de forma irrefutable que el hombre proviene de la ameba y que en su andar evolutivo la especie ha vuelto al lugar del que emergió, las charcas putrefactas donde las nuevas amebas del mencionado "programa" se emponzoñan. La existencia de esos seres infrahumanos que exponen sus miserables vidas al escarnio público para espectadores que se regodean en la podredumbre y se embadurnan con las vísceras íntimas de a los que allí se destripa devuelve a la humanidad a los comienzos de la vida unicelular, al oscurantismo de los ajusticiamientos públicos de la Edad Media o a las carnicerías sanguinarias de las guerras más cruentas. 
Por otro lado también me ha traído a la mente una cita bíblica que decía algo así como "todo se ha consumado". Efectivamente por primera vez empiezo a creer en el fin de los tiempos. Nuestra sociedad está agónica y en sus últimos estertores muestras sus impúdicas entrañas llenas de gusanos. El sistema capitalista salvaje huérfano de poderes políticos ha destrozado la economía mundial y ahora sólo es una inmensa bola que rueda por el planeta aplastando a los ciudadanos que sólo huyen en vano hasta cuando no haya donde huir. En nuestras democracias, los partidos políticos se han convertido en empresas de marketing electoral que a base de mentiras y corrupción ocupan el poder alimentando con él su propia endogamia que da como resultado políticos cada vez más estúpidos y menos capaces de enfrentarse a los poderes económicos. Eso por no hablar del resto de países en donde la democracia sólo es una quimera y que son gobernados por dictaduras, abiertas o encubiertas, que apacentan a los ciudadanos con pan y circo para mantenerlos en la ignorancia.
Las religiones, el otro vértice de ese todopoderoso triángulo junto a políticos y dinero, se afanan en convertir a los seres humanos en miserias estupidizadas que no se plantean los preceptos morales que se les impone y coadyuban para mantenerlos sumidos en la ignorancia del analfabetismo, sobre todo científico, y destruir con todos los medios posibles su espíritu crítico. Las religiones, el invento de los débiles para enjaezar a los libres so pretexto de un ser superior que dicta las normas, son una de las peores lacras de las sociedades modernas.
Y, por si todo esto fuera poco, las televisiones que con inmundicias, como Gran Hermano, destruyen cualquier sistema de valores en las personas y convierte las miserias humanas, ahora también las miserias físicas, en espectáculo lamentable. No tardará mucho, y espero verlo, el día en que un nuevo "programa" aparezca para, en el summun de la indignidad de las personas, mostrarnos como se descuartiza a una persona viva mientras el público aplaude enfervorizado sediento de la sangre que una Mercedes Milá cualquiera le irá disparando desde las arterias abiertas del alegre infortunado, que en el suplicio supremo del ara televisiva tendrá, por fin, sus cinco minutos de gloria. 
Y digo que todo esto me alegra porque como he dicho, todo en la vida es cíclico. Así pues cuando las bacanales romanas llegaron a su máximo apogeo dieron el pistoletazo de salida para la caída del Imperio Romano. Sus más sangrientos espectáculos en el circo fueron el inicio de la decadencia del imperio que a la postre lo llevó a su caída.
Así, de la misma forma, estas señales que he nombrado indican que nuestra sociedad está llegando a su extrema decadencia y que la renovación está cerca.
El día en que en Gran Hermano se ampute la primera mano y se ofrezca en ofrenda a los espectadores, ese día, todo comenzará de nuevo.
Así sea.

sábado, 9 de febrero de 2013

UN PUERTO EN LA NOCHE MÁS OSCURA


Tiemblo ebrio de miedo
Como un álamo castigado por una tormenta sin par,
Como un pájaro estremecido por un disparo,
Tililo como una estrella en el firmamento
Perdido en esa indescriptible inmensidad
De oscuridad y silencio;
Tiemblo porque humano es temblar.

Siento el doloroso aguijón del tiempo
Clavado en mitad de mi espina dorsal
Siento el frío de su inmisericorde dedo
Abriendo un río en mi espalda hacia la mar.
Y no puedo ni quiero
Comprender lo que a mi alrededor pasa,
Sólo quiero llorar,
Que los hombres cuando lloran
Son hombres de verdad.

Aterido mi cuerpo y mis huesos
Perdido en la enorme soledad
De las horas que corren presurosas
Sin volver jamás la vista atrás,
De las horas que perdidas
Ya nunca volverán,
De la vida que jamás detiene ni por un momento
Su fugaz caminar.

Desarbolado en la tormenta de la vida
Mi barco en alta mar
Extraviado entre el oleaje
Mecido por las manos del azar
Boga sin rumbo fijo
Y yo me siento en cubierta a esperar
Que el alba rasgue la noche
Con su cuchillo de azahar
Venido de las tierras andaluzas
Donde de pequeño aprendiera a caminar.

Pero el viento no sopla del sur
No trae el tañido de la Vela ni la cal
De las blancas casas del Albahicín
No trae esperanza,
sólo el sabor de la sal
Que se asienta sobre mis heridas abiertas
Que no hacen mas que supurar
En esta noche eterna
Con ojos de frío cristal.

Ya no queda nada en la barca
Que no sea madera podrida,
Destrozada a fuerza de navegar,
Sólo queda el silencio infinito
De las palabras que dejaron de sonar.

Y cuando todo creí perdido
Cuando el océano abría su seno de par en par
A mi vino el recuerdo de tus ojos de miel
El tacto de tu piel y tu voraz
Boca preñada de besos,
De tus manos que en su asalto pertinaz
Siempre destruyen mis defensas
Y toman la torre más alta de mi castillo
Donde cuelgan su divisa que siempre ha de perdurar.

Entonces el céfiro sopló de nuevo
Con ímpetu sobre las crestas dormidas
Trayendo el calor del sol de primavera
Sobre los altos picos del Veleta,
Allá donde el acéntor salta sobre las lajas
Y la manzanilla real se corona
Con las lágrimas  de la madrugada.

Con esfuerzo me puse en pie sobre la cubierta
De la barca destrozada,
Arranqué los jirones de mi camisa que até
A mis manos y mis pies con cuerdas improvisadas
Construidas con mis propios cabellos
unidos con hilos de luz de plata.

Sobre la cubierta navegando con la vela hinchada,
La cara al viento helado
De los momentos que preceden al alba,
Moribundo, hambriento y rendido
Me mantengo erguido sobre las tablas
Pues ya no tengo miedo,
Pues voy en tu busca a tu propia casa.

Cuando el cuchillo del alba sajaba la mano de la noche
para que la luz del día manara
llegué al alféizar de tu habitación
en mi barca aupada sobre las macetas de albahaca.
Salté a tu lecho que me esperaba como una atarazana,
Me enrollé en las sábanas junto a tu cuerpo
Y con un último suspiro, deposité sobre tu pecho mi alma.