viernes, 27 de septiembre de 2013

FELICES, POR UN MOMENTO

Quizá la vida no sea más que la incesante
Búsqueda de una esquiva felicidad
Que se deja aprehender por un momento
Para luego escabullirse entre los dedos.
Es ese venero de agua clara
Que de improviso mana en un recodo del camino,
Pero que pronto se seca,
Para volver a nacer quien sabe donde
Y bajo que circunstancias.
La felicidad es una golondrina libre
Que anida por épocas cerca o lejos,
Que vuelve a nuestro balcón, inquieta,
Y desaparece tan pronto llega el invierno.
Y, sin embargo, cuanto duele
Perder ese rayo de sol que distraído
Permanece aún por unos segundos
En el lento adormecer del ocaso,
Cuan se echa de menos una vez ido,
Mientras con la mirada triste
Fijamos aquel momento efímero

En que aún permanecía en nuestro regazo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

POSEÍDA

Aquello no estaba preparado. Simplemente se levantó para ir al trabajo como cualquier martes y se sintió incapaz. Incapaz de ducharse, ponerse el traje, desayunar con su marido y sus hijos, coger el coche, esperar en el atasco, llegar al trabajo. Incapaz de sonreír a las víboras de sus compañeras, de acatar las órdenes estúpidas de su jefe. Sintió que aquello le estaba drenando la vida. Qué aquella mujer era un parásito que se había adueñado de su cuerpo y usurpaba su voluntad mientras los años pasaban y ella era incapaz de desalojarla y tomar las riendas.
De modo que esa mañana cogió a aquella furcia por el cuello y la golpeó contra los azulejos del baño en la soledad de la ducha, hasta que una mancha oscura y sanguinolenta quedó alojada junto al espejo con una perfecta simetría.
Llenó una bolsa de viaje con algunas pertenencias y salió con sigilo. Condujo el coche hacia la salida de la ciudad; hacia aquella carretera que era el cordón umbilical que la uniría a su felicidad.
Decidió volver al pueblo de su infancia. Aquel lugar apartado y recóndito, perdido en las montañas, camino de la costa. Un lugar abrigado del mundo, todavía protegido del ataque de la vida moderna, de las prisas, de las ataduras.
Cuando llegó lo reconoció como el pueblo de su infancia. Y se reconoció a sí misma. La otra había muerto, había quedado lejos en la ciudad, en aquel cuarto de baño que había sido su cárcel por dos décadas. Había quedado en aquella casa, donde su propia familia había sido su carcelera, donde su lecho era un ara que la ofrecía en sacrificio al concepto de familia.
Se instaló en la casa de sus abuelos, largo tiempo abandonada. La decoró con mimo y paciencia y vivió aquella nueva felicidad cotidiana gracias a las inversiones que la perra, como ella la llamaba, había hecho en el pasado.

Pero por desgracia aquello no duró mucho. Una mañana al mirarse en el espejo, la vio de nuevo, de improviso. Estaba allí. Había cambiado el traje de alta costura por un sencillo vestido de flores y un delantal. El peinado de diseño, por un pelo suelto recogido a penas por dos horquillas. El collar de ágata, por una cruz de madera. Pero era ella. Había vuelto una vez más, para usurpar su vida.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Ruta Sacromonte-Llano de la perdiz

Hoy ruta campera con la parienta. Salimos desde Plaza Nueva, para dicurrir por la Carrera del Darro hasta la Cuesta del Chapiz. Subimos la susodicha entre los hermosos cármenes granadinos y nos desviamos a la derecha para coger el camino del Sacromonte que tantas veces anduviera mi añorada abuela. Vamos entre las casas cuevas encaladas y las pencas cuajadas de higos-chumbos ya coloraos atravesando la zona bien llamada Valparaíso. Son fiestas y al lado de la carretera dos fornidos cocineros emblancados cortan ajos y cebollas por arrobas junto a una cazuela en la que podrían bañarse sin problemas diez personas o Falete, verbigracia. Continuando el sendero siempre por la margen izquierda del Darro, se van espaciando las cortijas y las casas con mayor o menor lustre. El olor que emana de ellas es inconfundible, una mezcla de perro añejo, madera ahuecada y rica marijuana mañanera; no hay duda, es zona colonizada por los hippiosos de granada. Seguimos andando y como andamos un poco perdidos pregunto a un lugareño, chaparro, renegrío y semidentado, si está muy lejos el cortijo de Jesús del Valle. Ahí, cortas el río y te avienes paca, y luego entevuelves, y estáunamiajalejos, pero ahí. Como soy políglota no dudo de las instrucciones y seguimos.
Las últimas construcciones van quedando atrás y efectivamente, como bien nos había indicado el autóctono, cruzamos varias veces el río, atravesando por un campo de olivos que hacen las delicias de David, tan amante de la Olea europea.
Finalmente llegamos al cortijo derruido de Jesús del Valle y giramos hacia la derecha para dirigirnos hacia el Canal de los franceses que irá ascendiendo entre retamas y encinas, especies indicadoras del bosque mediterráneo, hasta la meseta del Llano de la perdiz.
Con algún sudor, alcanzamos el altiplano y paramos en una mesa para comer el bocata, rodeado de la paz propia de las zonas de merendero, cuando un domingo con 27 grados se llenan de alegres familias, con sillas, parasoles, neveras, radios, pelotas, los niños, la tía, la abuela, el loro, un elefante africano y la madre que los pario a todos y el ruido que hacen que parece la Gran Vía.
Trasegados líquidos y alimentos, embocamos hacia el cruce, pasados el reloj de sol y el Algibe de la lluvia, que nos llevará hasta la restaurada Silla del Moro, lugar de juegos de mi infancia cuando no era mas que un montón de piedras.
Por último, descendemos por los bosques de la Alhambra, con el sonido hipnótico de las acequias cantarinas, hasta la cuesta de los Gomérez que nos devuelve a Plaza Nueva.
Por pudor, no describiré los dos pasteles con café y batidos que nos hemos jalao.


http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1778522

viernes, 20 de septiembre de 2013

EL INQUISIDOR (dedicado al ministro de justicia, sr. Gallardón)



El promiscuo asceta que, dolorido, pergeña
Procaces contubernios, navegando solitario
En las procelosas pasiones que en su mente nadan,
Cual togado congrio de aletas atenazadas 
Por la moral rígida que de su verga escapa,
Se sienta en su escabel sobrio recamado en plata.
Ubicuo atisbador de las alcobas ajenas
Con florido trazo las acusaciones relata
Sobre recio papel de preciosa filigrana
Que se enrosca en los cuellos de las vidas que arrebata.
En la melopea insomne de su celda tallada
En el mismo vientre de la roca arcana
Cuyo paradero secreto desconoce el mismo papa,
El pútrido cuerpo corrompido del inquisidor
Inclinado sobre la escribanía de madera ajada
Declama en la nostálgica oscuridad nocturna
Los nombres de aquellos que quemará al alba

lunes, 19 de agosto de 2013

RUPTURA (versión libre)

A veces la punta insomne del amanecer me despierta
con una ominosa tormenta que arremolina
Los despojos de mi cuerpo a los pies de tu cama
Donde yaces como un perro que aúlla a un extraño.
Un atroz sonido que se expande por la habitación,
Destrozada en la madrugada,
En la que apenas quedan muros en pie
Entre los que permanezco sentado sin aliento,
Como un pollo al que han arrancado la cabeza.
Un murmullo informe,
Que esconde las esquinas de su infamia
bajo los restos de muebles esparcidos por el piso,
Va reptando, dejando un ominoso reguero de reproches
Por las baldosas y las paredes;
Trepando por el techo,
Columpiándose en la lámpara.
Un estruendo insoportable, icognoscible,
Profundo como una garganta hendida,
Implacable como el acero del torero,
Va horadando la bóveda de mi cráneo,
Buscando las suturas entre los huesos
Para colarse hasta la materia blanda,
Hasta ese amasijo de células que soy,
Para lamerlas, escupir sobre ellas,
Segregar su ponzoñoso veneno
Hasta que mis oídos comienzan a supurar
Con un líquido viscoso que es mío y ajeno,
Que es odio condensado en pequeños sorbos
Para que sea más fácil poder tragarlo.
Y el brebaje va corroyendo mi ser y lo poco
Que queda entre tú y yo,
Y nos vamos mezclando con los materiales
Para crear una sustancia amorfa que a su vez fluye
Por las paredes muertas del edificio
Para buscar a otras parejas que como nosotros
Hace tiempo que están putrefactas
En su cotidiana existencia sin sentido.


sábado, 17 de agosto de 2013

EL BOXEADOR


El boxeador siempre se levanta
Como el grano que siempre espiga,
Por muchos golpes que reciba,
En su irreconocible cara abotargada.
Con los puños en ristre preparados
Ante la presentida tarea que le aguarda,
Pues perdió el rastro de sus pasos
Sólo tiene el precipicio para extender las alas.
Como un Ikaro que se aleja del sol
Siempre vuelve a la esquina que es su casa
Donde le taponan la nariz sangrante
Las pocas manos amigas que nunca descansan.

Por muchos golpes que le hinchen la ceja,
Hora tras hora como un árbol sobre la lona aguanta,
Apretando los dientes, desafiante, ante el vendaval
Que ruge y se cierne como una bestia salvaje
Ante su propia faz deformada que se alza
Como una máscara de inquebrantable piedra escondida
En las profundidades de la  frondosa selva esmeralda.

Con el recuerdo del frío en los huesos,
El recuerdo del hambre presente y pasada,
Con el tuétano destrozado y carcomido
Por la putrefacta soñada esperanza,
Muerta a cuenta de los desaires
Que la vida le cañonea en andanadas.

Con el hígado machacado y la mandíbula  rota,
La agonía de respirar sus pulmones atenaza,
Cada segundo que se mantiene erguido
Es una benévola profunda puñalada
Que le aleja de la cruel vida
Y a la caritativa tumba acerca su alma.
Pero impasible continúa su incesante baile
Al son de la música que tocan los que pagan,
De las notas que entonan los mercados
Que apuestan sobre cada gota de sangre que escapa
De las heridas que se abren en su dura piel de plata.

Mas el destrozado boxeador no cede,
A pecho descubierto una y otra vez se lanza
Contra el enemigo que presiente y no ve,
Contra el enemigo que se mofa en su cara.
Lanza sus puños hacia el hueco vacío
Que en el cuadrilátero en donde se desangra
Construyen los perros de Wall Street
Para satisfacer sus voraces ansias.

Poco a poco sus destrozados órganos
Van explotando como olvidadas caricias vanas,
A medida que el boxeador de cuerda a cuerda oscila
Como una marioneta a la que los hilos faltan,
Zarandeado por una vida que no pidió,
Exhalando el aliento que sin su permiso le insuflaran
Para luego dejarlo como un perro en la calle,
Como un perro al que su amo apalea, pero no mata.

Sin más bagaje ni honra que ser humano,
Navegó por los bajos fondos en épocas pasadas,
Se calentó al amor de fuegos ajenos
Bebiendo del wisky que otros escancian
En las oscuras y frías calles de un país que a los pobres odia,
y los aparta de su vista al pie de las caídas tapias.


Y ahora, cuando para el último asalto suena la campana,
Con los guantes empapados en sangre y odio,
Con la garganta seca y el sudor que la vista le empaña,
Una vez más se levanta del suelo,
Para recibir el latigazo que, sin pudor, le lanzan
Los que aplauden su coraje extraordinario
Escondidos tras sus aterciopeladas corbatas.

En la noche oscura de las jaurías de perros
Que ladran al zorro que se esconde en las montañas,
El último croché que nace en la Quinta Avenida
Es un diamante de Tyffanis envuelto en tafetán escarlata,
Que le lanza a la fosa común del sueño americano
Amortajado con bandera de barras y estrellas perladas
De la grandeza del gran imperio americano
Que grita “in go we trust” mientras con tierra lo tapa
Para que el hedor de su miseria
No empañe sus ojos alzados que lloran a la gloriosa patria.

Por cada portentoso logro americano
Una bala en el corazón de un niño iraquí que calla;
Por cada joyería sefardí que abre sus puertas
Una familia palestina que sus miembros esparce al alba;
Por cada aeronave de la NASA que surca el firmamento
Una manada de lobos islamistas recibe sus armas;
A las hamburguesas de McDonals que se sirven,
Los niños desnutridos ponen la salsa;
Cada nuevo modelo de zapatillas Nike
Se acordona con los intestinos secos de las ratas
Que se amontonan cosiendo hora tras hora
En las sofisticadas y caras fábricas
Donde los sueños infantiles se enhebran
Al tejido que ha de recubrir nuestras delicadas plantas.

Pero el boxeador que se tambalea ante la general expectación
Ya no recuerda nada
De lo que es o debió de ser la vida,
Ya no siente dolor ni tristeza sino que brama
Narcotizado por el sonido de la marabunta rugiente
Que exige que se esparzan sus entrañas
Sobre los índices de valores de la bolsa
Para que se produzcan subidas al alza,
Que nada sienta tan bien a los tiburones
como el sabor de la desgarrada carne humana.

Así, sin miedo ni tristeza,
El boxeador en absoluta y paciente calma
Espera con indolencia el último golpe da la vida
El que por fin para siempre le tumbe

Y le permita descansar bajo la lápida.

viernes, 16 de agosto de 2013

POR CADA PALABRA UN LATIDO

En la noche que mana de tus ojos
Se aloja un venero de caricias presentidas
Como un escorpión de terciopelo y rubíes
Que hurga en aquella profunda herida
Que me atraviesa de parte a parte
Como desprevenido atravieso la vida.

En la infinita noche de tus pupilas
Insondables como el silencioso secreto que palpita
En el súbito aliento de una flor
Que sobre la tierna rama de abril se agita
Se oye el tremor que a lo lejos se acerca,
Se acerca como una furiosa lengua de fuego incontenida.

En lo más oscuro del incierto roce de tus dedos
Que navegan por mi columna que dormita,
Hace equilibrios milimétricos el sonido de tu voz
Y su eco, que son la cara y la cruz del eterno
Conflicto en que toda mi vida se precipita
Como un río que se hunde en su propio cauce seco.

En tu serena claridad que alumbra
La perpetua noche por la que mis días transitan
El untuoso recuerdo de tus manos y tu boca
Es una manada de corceles que se encabritan
Y se deshacen de la brida que mis manos sujetan

para galopar a cielo abierto en tus valles y colinas.